No necesitas MOVISTAR+, necesitas un sindicato! [1] Txapaeo koronabirikotik idazkiak, 2.znbk

Foto: mohamed mahmoud hassan en www.publicdomainpictures.netPikoketa Aritxulegi.-Jode al final esto no va ha estar tan mal, Movistar+ un mes gratis, me voy a poner de pelis fino”. Lo he escuchado recientemente entre las amigas. Opinión suscrita por un amigo que ya estaba en casa debido a un ERTE. Dispuesto ya a engullir fábula sin límites y evadirse de una situación algo traumática.

Compañera también en casa “temporalmente” (cotizando pero sin cobrar aunque los costos de vida fijos hay que seguir pagando -casa, comida, impuestos, etc.-) sin saber muy bien hasta cuando. Otros que no son parte de los “teletrabajadores” (ahora parece que tenemos una clase obrera telemática) a currar a la empresa: Obreras manuales, reponedores de súper-mercado, hortelanas, sanitarios, … y un largo etc., después de un chapeo sanitario en casa “por responsabilidad ciudadana” ahora obligadas a meterse en un pabellón con otros 300.

La sanidad pública previendo el colapso. Sin material adecuado (mascarillas, gel, habitaciones, métodos de identificación) ni personal y encima, militares “confiscando” material de primera necesidad sanitaria en hospitales de Catalunya. Totalmente expuestas al contagio, por tanto a ser agentes transmisores. ¿Sanidad privada?… para otro texto.

Gente desamparada chapada en casa sin fecha de salida. Otra no desamparada claro está, sometida a un discurso ciudadano moralizante que a poco está de acusar: “si todo esto peta, será porque tu no te has quedado en casa”. Bueno, mejor que decir eso son 1.500€ de multa como ya se ha visto en Iruñea. Más convincente sin duda que un llamado al cuidado mutuo.

Pero ¡Ojo! Tranqui, que yo me puedo quedar en casa, y ponerme al día con la Casa de Papel, El Embarcadero o Stanger Things. Gracias una vez más al capitalismo, que nos da herramientas para gestionar crisis sociales de forma individual. Gracias a la morfina que permite trascender una situación, que si se la mira bien y con atención algunos minutos, puede ser difícil de gestionar. Apabullante. Cuando no humillante. Como familia, personas y también como clase, pueblo llano. Y es que ¿Quién se hace cargo de esta situación?

Los de siempre.

Los empresarios no quieren parar cadenas productivas (que evidentemente no son de primera necesidad) y las obreritas a centros de trabajo bacteriológicos. En los que en muchos casos (como lo mostraron las trabajadoras de Mercedes en Gasteiz) no se cumplen las medidas de seguridad sanitaria exigidas. Muchos de ellos, con crías en casa, con padres y madres de avanzada edad a las que deberán cuidar, haciendo de la irresponsabilidad empresarial un riesgo para la vida. La segunda batalla claro está es ¿quién se hace cargo del paro producido por una pandemia como esta? El Estado que hace tiempo delegó en la patronal (es decir una de las partes) la función de negociación/regulación entre capital y trabajo, ausente por ahora ante estas situaciones. ¿Días no pagados? ¿Indemnizaciones por obligar a ir a trabajar en condiciones de riesgo para la salud? Lucha de clases al estilo clásico.

Pero cuidado. Porque la lucha de clases no es solo la que se da entre trabajadoras y patrón en una empresa dada. Esto nos lo ha querido meter a fuego, reduciendo el espacio de negociación entre las élites económicas y el populacho a los comités de cada empresa, a lo sumo (y ganado con lucha) a convenios sectoriales. Pero esta situación del Coronavirus, vuelve a mostrar que la cosa va más allá. Llevando el caso de la empresa a la sociedad… ¿Quién se va a hacer cargo del intensivo cuidado que como sociedad necesitamos en estos momentos? ¿Quién se va hacer cargo de las inversiones en material sanitario, personal, etc. que requerimos? ¿Quién se va a hacer cargo de toda esa gente que ha sido expulsada del mercado de trabajo (o autónomos y PYMES que han parado) porque ahora mismo su trabajo “no es necesario”? ¿Quién de todo el gasto que supone el establecer una situación de estado policial y militar? ¿Quién se va hacer cargo de la resaca de crisis económica que esto va a traer?

Y existen dos opciones claras a todas estas cuestiones: O el gran Capital o las clases populares. ¿De dónde se va a sacar el dinero para todo esto? ¿De las rentas del trabajo? ¿De los impuestos al consumo? ¿O de una vez por todas, se va a meter mano al gran capital, y se le va a obligar a hacerse cargo de la sociedad a la que explota, a través de la cual se lucra? ¿De una vez se van a implementar impuestos acordes a los beneficios, se van a perseguir el fraude fiscal y los paraísos? ¿De una vez, se va a poner sobre la mesa, que si el capital no quiere colaborar con el sostenimiento de la vida, existe la vía de la estatalización, expropiación o puesta en manos de los trabajadores?

Se nos dice en ocasiones que “la clase obrera ha muerto”. Desde luego, Movistar+ no nos dirá lo contrario, mostrándonos serie tras serie estilos de vida globales, cosmopolitas. Personajes ideales, o su antagonista (y caricaturesco) anti-héroe que serían difíciles de imaginar como vecinas del portal de al lado. En esos mundos de plataforma no existe antagonismo social. El héroe guapo acompañado fielmente por su compañera (ahora no como antes, “empoderada” pero que acaba haciendo lo mismo y desde el mismo lugar que su predecesora “sumisa”), acaba con el virus y todo el mundo recupera su feliz vida, las calles se vuelven a llenar de alegría y de comunidad.

Pero esto no va a ser así, creo yo.

Aquí, y ya es evidente se está reabriendo un terreno de lucha por definir cómo se va repartir los imprevistos generados por el virus y su gestión. Se va volver a abrir la lucha de clases en su versión más clásica, y una de sus preguntas fundamentales: ¿Quién y cómo decide qué trabajos son necesarios, que se debe producir, cómo se hace esto y como se reparte la riqueza social generada? Aun sin la existencia de la “clase obrera” (es ironía) esta cuestión ya está sobre la mesa. Y Movistar+ no nos va a dar la respuesta.

La gran mayoría como mi amigo somos obreros, clase popular. Pobres, clase media… la mayoría seguramente se reconocerá como “clase media” aunque la estadística diga que está más cerca de la categoría de “pobre”. Trabajemos en una gran fábrica o repartiendo paquetería, en un bar o reponiendo en un supermercado. Seamos trabajadores “del conocimiento”, diseñadores, académicos, periodistas, etc. Todos necesitamos de nuestro trabajo para sobrevivir, a diferencia de los capitalistas, ninguno acumulamos riqueza sustrayéndola del trabajo de otros. Y por eso mismo (porque explotar es la única manera de hacerse rico) tenemos estilos de vida similares (con variantes personales claro está), vivimos en casas y barrios similares, vamos a la plaza, al bar, a hacer deporte, etc. con gente de a pie. Somos parte de lo popular, aunque muchas veces los deseos clasistas inducidos por la rico-filia nos hayan llevado a imaginarnos que somos no sé que, alienándonos, extrañándonos haciéndonos incluso sentir vergüenza de nuestra condición. Si somos clase popular y deberíamos estar orgullosas.

Y sobre nosotras, al igual que a los currelas de Mercedes los días de parón, nos van a querer endosar el costo social de esta situación. Y no necesitamos que nos metan más morfina por vena, que amplíen el espacio de la realidad virtual en la que estamos insertos. No necesitamos que nos suavicen el golpe con historias de amor, necesitamos tomar consciencia de la situación y mirar más allá de la pantalla, mirar con amplitud de miras al futuro.

Mi amigo, cada uno verá lo que requiere, necesita un sindicato, un espacio de concienciación, un lugar desde donde dar un sentido colectivo y coherente a todo lo que está pasando. Una lucha que haga comunidad, y una organización que lo haga posible. Un horizonte nuevo que le permita des-engancharse de la evasión +, y re-conectar con una realidad, que si bien traumática, puede ser maravillosa dentro de una solidaridad combativa.

En la coyuntura actual creo que LAB por boca de Igor Arroyo expresa una de las opciones sindicales más acertadas y avanzadas dentro del sindicalismo con representación. Se puede ver la intervención aquí: https://kaosenlared.net/lab-exige-que-las-consecuencias-del-coronavirus-no-recaigan-sobre-la-clase-trabajadora-y-califica-de-chapuza-la-gestion-de-la-crisis/

De todas maneras, esto creo yo, no quiere decir que LAB sea la única opción. Lo será si consigue adecuarse como herramienta de lucha de la clase trabajadora en su conjunto, incluidos los que están inmersos en organizaciones de trabajo difusas y el precariado. Además, si LAB u otro sindicato no puede cumplir esa función, sería maravilloso ver surgir desde abajo nuevas expresiones, que desborden estructuras y liderazgos y construyan nuevos sujetos amplios, transversales (pero con la preeminencia de las clases populares y su agenda de clase) ante el reto que se nos viene mi amigo necesita un sindicato.

Sin duda, antes de que la evasión + lo engulla.

[1] Título “tomado prestado” a Guillermo Rendueles (de su charla “necesitas un sindicato no un psiquiatra”: En: https://www.youtube.com/watch?v=ZtkaZzlsJ6c)

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